El elefante tailandés, más que un animal

Hace casi 9 años, en diciembre de 2004, poco después que un gran tsunami arrasara las costas de Tailandia, cuentan que unos elefantes que formaban parte de un tour turístico agarraron a los turistas con la trompa y los subieron a su lomo para huir tierra adentro y así salvarles la vida.

Esta historia resume perfectamente lo que representa este animal: la fuerza, la sabiduría, la protección. De hecho, según una tradición del budismo, una princesa llamada Maya soñó que un elefante blanco entraba dentro de ella. Varios sabios dijeron que aquello significaba que daría a luz a un salvador de la humanidad. La princesa Maya era la madre del mismísimo Buda. Curiosamente el elefante tailandés blanco también es el símbolo de la realeza tailandesa y era la figura principal de la antigua bandera del país (1817 hasta 1917).

Durante siglos estos animales se han utilizado como transporte, todavía hoy se pueden ver elefantes realizando trabajos en el campo en la Tailandia más profunda. Es una figura muy relacionada en el país, en Bangkok tampoco se olvidan de este animal, cerca del zoo puedes curiosear en el pequeño Museo Real de Elefantes rodeado de hermosos jardines.

Por Tailandia hay muchos centros, pero hay que tener cuidado, muchos se venden como santuarios o centros de conservación y acaban siendo un centro de explotación del elefante orientado al turismo.

Un santuario real de elefantes alojaría a las crías de elefantes huérfanas o a animales rescatados y los cuidarían hasta que pudieran ser devueltos a su hábitat natural. Si no es posible reintroducir a los animales en su estado salvaje, estos centros cuidan a sus animales en las condiciones de vida más naturalizadas posibles. Ofreciéndoles por ejemplo; espacio para hacer ejercicio, refugio de las inclemencias climáticas y de la vista del público, interacción social con otros de su especie y materiales para rascarse o tomar baños de polvo.

Lamentablemente, muchas personas ven una posibilidad de lucro en exhibir elefantes vendiendo su actividad como “orfanatos” o “santuarios” cuando realmente no lo son. Los centros de rescate reales de elefantes, y cualquier otro animal salvaje, priorizan el bienestar de los animales por encima de todo. En caso de abrir al público, nunca realizan espectáculos o paseos con sus animales sino que el respeto hacia ellos es máximo. La mayoría de estos centros no permiten el contacto entre los animales y el público ni crían animales (excepto en casos en que sea necesario para la conservación de la especie).

La mayoría de los elefantes utilizados para paseos así como los que se encuentran en falsos centros de rescate de elefantes han sido capturados de la naturaleza como crías (normalmente tras matar a sus madres) y amaestrados a través de un método brutalmente cruel llamado “romperle el alma” (más información debajo). Las capturas se concentran en animales jóvenes e implican técnicas como el uso de helicópteros, vehículos y armas. Al tratar de defender a sus jóvenes, muchos elefantes adultos resultan heridos e incluso muertos durante este brutal proceso.

Muchos falsos refugios permiten tocar a los animales, bajo la supervisión del «mahout» (el entrenador de los elefantes), que espera a cambio una propina por este servicio. Es frecuente ver a los «mahouts» empleando el «ankus» o bullhook, la herramienta tradicional para dominar a los elefantes y que consiste en un palo largo con ganchos metálicos en su extremo. La simple amenaza de su uso, recuerda a los elefantes el dolor y permite que sean entrenados, posibilitando su manejo. En muchas ocasiones, estos ganchos se utilizan de manera abusiva y agresiva por lo que es frecuente ver heridas en la cabeza de los animales y detrás de sus orejas, demostrando que éstos han sido maltratados.

Antes de ir a ver un espectáculo o de pagar por un paseo de elefantes te recomiendo que leas este artículo y entre todos nos sensibilicemos con este problema y hagamos un turismo más responsable.

 

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