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Bandipur: un museo viviente por Marcando el Polo

Bandipur

Muchos viajeros visitan Nepal con la única intención de mirar hacia arriba. Teniendo en cuenta que en el país se erigen ocho de los picos más altos del planeta, es fácil entender porqué. No por nada se lo llama “el techo del mundo”. Pero sin necesidad de subir tantos metros, podemos encontrar la belleza donde menos nos imaginamos. Bandipur es un tesoro que se esconde lo suficiente como para mantener su esencia pero, a su vez, lo suficientemente accesible como para dejarse conocer.

Este pintoresco poblado cuenta con 10000 habitantes y una tranquilidad envidiable, aunque no siempre fue así. Fue establecido como un punto de parada clave en la ruta del comercio entre India y Tíbet. Su ubicación estratégica hizo que entre mediados del S XIX y XX el pueblo llegue a su esplendor. Pero todo lo que sube tiene que bajar, y su grandeza empezó a decaer cincuenta años atrás con la construcción de la ruta que une Katmandú con Pokhara a 7 km de aquí (sí, esa misma ruta que utilizan actualmente los viajeros para llegar a estos lugares).

Bandipur_comercio

Hoy sus días más activos ya pasaron. No verás comerciantes parando a vender sus mercaderías o abastecerse con las delicias locales para llevarlas al mundo. Verás nenes jugando sin preocupación alguna; perros, cabras, gallinas y pollitos se adueñaron  de la calle; y los pequeños negocios del bazar de hoy poco tienen que ver con la ajetreada vida comercial de años atrás.

Bandipur calles

Sin el tránsito de los comerciantes, Bandipur quedó casi en el olvido. Y fue precisamente eso lo que empezó a atraer a los visitantes. Ni masivo ni intrusivo, el turismo que llega a Bandipur reactivó su economía. El impacto todavía no es muy fuerte, los alojamientos familiares y restaurantes están muy controlados en el bazar principal, y los puestos de suvenires por suerte todavía no llegaron.

Con sus edificaciones originales casi intactas, es uno de los mejores ejemplos de arquitectura newari. La prohibición del tránsito vehicular hace que este estilo de vida tradicional se pueda mantener, y que caminar sin rumbo por sus callecitas empedradas sea un placer para todo el que viene de la gran ciudad.

Bandipur_gente local

En las montañas que lo rodean se encuentra Siddha Gufa, la cueva más grande de todo Nepal, que se puede acceder realizando una caminata de aproximadamente dos horas siguiendo las indicaciones de los locales para no perderse. Otra opción es visitar el pequeño santuario Thani Mai  en la colina Gurungche, aunque el verdadero atractivo aquí no es esta edificación sino las espectaculares vistas hacia el pueblo y los Himalayas.

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Para el atardecer, nada mejor que ir a Tundikhel, un terreno que hoy está ocupado por una cancha de fútbol pero que tuvo un papel fundamental cuando Bandipur era una parada comercial entre India y Tíbet. Las distintas gamas de anaranjados y violetas hacen que sus atardeceres queden en la memoria de todo quien lo visite.

Pero el verdadero atractivo está en su paz, en sentarse a ver la actividad diaria pasar y en caminar una y otra vez por las mismas callecitas empedradas que son un museo viviente de la arquitectura newari.

Así como es mágico, Bandipur también es frágil, y puede tambalear ante la influencia extranjera. Depende de cada uno de nosotros visitarlo responsablemente, para que esa magia no se negocie.

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Cómo llegar: Bandipur está ubicado a 140 km de Katmandú y a 80 km de Pokhara. Buses frecuentes recorren esta ruta (400 NPR). Hay que descender en Dumre, desde donde hay camionetas que realizan los 7 km en subida hasta Bandipur (entre 25 y 35 NPR)

Dónde dormir: nos alojamos en Namaste Guesthouse, una opción muy simple e ideal para mochileros. 150 NPR la habitación sencilla y 200 NPR la habitación doble. Dónde comer: hay varios restaurantes donde podemos comer dhal bhat (set de comida local incluyendo arroz, lentejas, curry de verduras y papadum) por alrededor de 130 NPR. También hay otros tipos de comida disponible pero a un precio un poco más elevado.

Marcando el Polo es la web de Jota y Dani dos viajeros apasionados que recorren el mundo de manera independiente desarrollando un proyecto de tiempo indefinido muy especial: Eliminando fronteras. Cruzar Asia de punta a punta, desde  Filipinas hasta Turquía, con el objetivo de dar a conocer cómo se vive en lugares que pocos saben de su existencia y eliminar los preconceptos que nos llevan a juzgar pueblos enteros sin darles oportunidad a réplica.

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