Una cosa lleva a la otra por Marc Comas

marc comas

Había una vez….un agosto de 2006, donde un humilde servidos, Marc Comas, estaba apurando mis vacaciones estivales en Perú, (un país maravilloso). En Huacachina, un oasis al suroeste de Lima a unas 3 horas de la capital conocí a un joven americano, que era el camarero del bar del hostal donde me hospedaba, y preparaba uno de los mejores pisco sours que había tomado en el país y así se lo comenté. Estaba viajando por Sudamérica desde hacía más de 6 meses y se autofinanciaba trabajando en puntos turísticos. El hostal le ofrecía alojamiento y comida y él trabajaba 3 horas por la noche en la barra del bar. Sin él saberlo me abrió una ventana dentro de mi cabeza, donde se veía un mundo que desconocía… poder viajar sin tener un tiempo límite! financiarte una estancia! prolongarla hasta donde y cuando quieras! y aprender! Aprender y conocer una lengua, una cultura y sobretodo conociéndote a ti mismo (quien le diría a ese chico que trabajaría de camarero en un oasis y prepararía la mejor bebida tradicional peruana que nunca había probado).

Con unos cuantos viajes más en la espalda, en el 2007 hice mi año sabático dando la vuelta al mundo. De todos los países, las mejores memorias que tengo son para Nueva Zelanda. Estas islas me engancharon, no por su naturaleza, con esos paisajes que parece que estés en el fin del mundo, sino porque allí conocí a mi segunda familia. Un grupo de jóvenes, cada uno con historias diferentes pero que al conocernos teníamos muchas cosas en común y la principal era el amor por viajar. Éramos argentinos, cubanos, españoles, ingleses, coreanos, brasileños, chilenos…una familia numerosa multicultural.

A la vuelta, me reencontré con Carmen, un miembro de la familia de Nueva Zelanda, y junto con Javi y Meri decidimos crear un proyecto juntos: la ONG Colabora Birmania.

Nos mudamos a la pequeña ciudad de Mae Sot (Tailandia). Una ciudad llena de cultura donde tailandeses, birmanos, chinos y otras distintas etnias con cultura y lengua propia conviven entre sí. Descubrí la situación tan difícil que viven los birmanos al cruzar la frontera (Mae Sot se encuentra a 4 km de Birmania) y las necesidades básicas que se podrían cubrir con poco dinero. Empezamos con una pequeñísima estructura pero con una ilusión gigante empezó a organizarse en cómo ayudar a este pueblo.

Después de muchas idas y vueltas y colaborando con Educaction www.educaction.org me encuentro escribiendo este blog mientras pienso que una cosa ha llevado a la otra, de lo afortunado que soy de lo que estoy viviendo, de la familia y gente que tengo a mi alrededor (gracias Sara!) y que en mi cabeza ya no tengo esa ventana que me abrió el chico de Huacachina sino cientos de puertas que al abrirlas te invitan a emprender nuevos caminos.

3 Comments

  1. wow! leo tu relato y cuando me doy cuenta tengo una gran sonrisa y ya pienso en cómo sería mi vida en esas tierras….. no la parte turística, sino conocer a la gente, cómo piennas, cómo comen, cómo quieren…. pienso que así es como deben sentir los románticos cuando leen grandes historias de amor. Gracias por compartir! Planeo visitar Tailandia en septiembre, así que gracias anticipadas por la info que seguro encontraré en tu blog y que será de gran utilidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *